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El negocio de los prestamos rápidos sigue creciendo en España
Enviado por: admin el 17 de oct de 2005
Financiar un capricho o cualquier gasto inesperado con un préstamo rápido es cada vez más fácil y, también, más llamativo. El éxito de los reclamos de dinero instantáneo ha quedado más que demostrado con la elevada demanda que tienen las denominadas entidades del «crédito rápido». En los últimos años, financieras como Eurocrédito o Cofidis han experimentado crecimientos de en torno al 30% anuales en captación de nuevos créditos rápidos. Sólo en 2004, las entidades de este sector concedieron en España créditos por valor de 11.706 millones de euros, un 40,7% más que en 2003. Esto supone que el año pasado cerca de 4 millones de españoles contrataron un producto de estas características.

La agilidad con la que se conceden este tipo de pequeños préstamos, hasta 6.000 euros, y la libertad de poder utilizar el dinero sin tener que justificar su finalidad son dos de los rasgos que más llaman la atención de estos productos. De ahí que hoy se sitúen como una posible alternativa no sólo para cubrir un gasto inesperado o hacer frente a un problema de liquidez, como fue su objetivo inicial, sino también para poder financiar un capricho.

La filosofía actual de muchos hogares, que se resisten a rebajar su nivel de consumo pese a estar más endeudados, ha ampliado el destino y los clientes potenciales de este tipo de préstamos. De ahí que no sólo las financieras quieran aprovechar el actual «boom» del dinero fácil. En los últimos meses, también grandes entidades, como Banco Popular o SCH, han desembarcado en este segmento con fuerza. Su entrada ha dado solidez y credibilidad a un negocio que hace sólo unos años se miraba con recelo.

Elevados intereses

Los préstamos instantáneos se presentan como el producto ideal para conseguir dinero de forma rápida: en 24 horas el cliente puede obtener la autorización para obtener el dinero. En otras 48 horas puede recibir la transferencia o el cheque con el capital requerido. Por lo tanto, en unos tres o cuatro días (a veces, antes) se puede disfrutar del dinero. Se trata de pequeños préstamos, entre los 600 y los 6.000 euros, amortizables en periodos máximos de cinco años.

Otra de sus características es que se contratan prácticamente sin hacer papeleos. Para poder suscribir un préstamo de este tipo, los documentos que suelen solicitar las entidades son una fotocopia del DNI, la última nómina, un recibo domiciliado en un banco (sólo en ocasiones) y el número de la cuenta corriente en la que se domiciliará el préstamo.

No obstante, el rasgo principal y más importante que debe conocer el cliente es el elevado tipo de interés que aplican. Por lo general, los intereses rondan el 20% TAE. Este tipo se suele a veces enmascarar al cliente informándole sólo de intereses o cuotas mensuales. Si se multiplica ese interés mensual (en torno al 1,8%) por doce, se ve la realidad más clara.

Por lo tanto, la principal diferencia con los préstamos al consumo tradicionales está en el tipo de interés (que en estos últimos es menos de la mitad) y en las gestiones que hay que realizar, más ágiles en los préstamos rápidos. En los créditos al consumo tradicionales incluso hace falta firmar el contrato ante notario. El resultado es que en este tipo de productos, la concesión puede producirse en un plazo de unos quince o veinte días, hasta cuatro veces más que en los préstamos rápidos.

Más riesgo

Pese a los elevados tipos de interés, habitualmente lo que más valoran los clientes que contratan un crédito instantáneo es la posibilidad de conseguir el dinero rápidamente. No miran el esfuerzo financiero que tendrán que hacer posteriormente para pagarlo. De hecho, las cuotas mensuales que deben pagar son, generalmente, asumibles y los periodos de amortización lo suficientemente amplios como para que el cliente no llegue a sentirse ahogado. No obstante, las entidades reconocen que el riesgo que corren con la comercialización de estos productos es más elevado que el que presentan otros instrumentos, como créditos personales o hipotecas. La tasa de morosidad en este segmento crediticio supera el 2%, mientras que en el negocio hipotecario no llega al 0,5%. De hecho, reconocen que algunos de sus clientes recurren a los préstamos rápidos puesto que las grandes entidades no les conceden más créditos, al considerar que su nivel de endeudamiento es ya demasiado elevado.

Además, otros perfiles de clientes destacados de los créditos rápidos son amas de casa e inmigrantes que no están todavía bancarizados y no tienen acceso a los canales tradicionales de financiación.

En cuanto a la finalidad de estos productos, desde Santander Consumer aseguran que el destino de estos préstamos es muy variado. «Desde financiar un sofá, una joya, un viaje, hasta arreglar una lavadora o refinanciar otra deuda. Cualquier capricho o gasto inesperado puede financiarse con un préstamo de estas características», añaden desde esta entidad.

Crece la competencia

Hace una década, apenas tres entidades operaban de forma significativa en este segmento. Hoy, ya hay más de seis firmas en el segmento de los créditos rápidos. Y las previsiones apuntan que la competencia seguirá creciendo. De momento, junto con Cofidis, Eurocrédito o Banco Sigma, participan de este negocio grandes bancos como Santander, con su Crediágil (comercializado por su filial Santander Consumer), o Banco Popular, con su producto Optiline (que distribuye su filial de internet Bancopopular-e). A ellos se unen, entre otros, Imagine, de ABN Amro.



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